Querido papito:
Sé que te sorprenderá que te escriba pero me vi ensimismada en un conjunto de recuerdos que me hicieron saltar del sillón y pensar: ¿por qué no?, pues bien aquí va.
Un viejo, un viejo moreno que camina tembleque por las cuadras de la avenida Ayacucho en plena Tomás Marzano, con todo el tráfico a cuestas. Tú, caminando hablándome de la vida. Vida que no gozo, vida que tú ya la tienes mil veces gozada.
Comencemos entonces. A pesar de no ser el ejemplo de ejemplos, has sabido sobrellevar esa vida que te tocaba cogiendo de las calles la basura que te alimentaba, guiando a tus hermanos como fiel hermano mayor, manteniendo a mi bisabuela con esos desempeños fuera de ritmo, haciéndote en tu sendero el líder máximo. No cruzaste secundaria, con las justas llegaste a la primaria pero eso no te quitaba el grado culto que poseías desde siempre. Te perdiste en la lectura y en los números, números que te llevaron a ser sin querer queriendo uno de los “más más” del Banco Agrario. ¡Trome tú!, todo en ti es máximo. Llegando a la riqueza con todas las áreas ganadas, siendo el más dichoso de dichas épocas, aquél que pasaba por las calles y no perdía ninguna mirada de las féminas presentes en dicha travesía. Ese eras tú mi querido Roberto, que te sobreponías ante todo y lograbas todo lo que en metas tenías trazadas. ¡Todo!, qué barbaridad.
Ahora con esos brazos tembleques me abrazas y me conversas de la vida, vida que te tocó muy difícil pero que en base a esfuerzo y dedicación se convirtió en vida añorada por unos y envidiada por otros.
Nunca se te dieron las cosas fáciles y es por eso que te admiro, porque muy aparte de haber conocido tantos lugares del extranjero -junto a mi abuela a quien quisiste y siempre querrás- nunca has perdido ese grado de humildad, esas “cosas” que te caracterizan, la nobleza y las ganas de seguir luchando por lo que ya tienes, hacen de ti un ser más que divino. ¡Mi viejo ser! , mi ejemplo de toda la vida.
Te escribo para que sepas que no te dejo de lado nunca, que a pesar de ser una niña ingrata que se pierde en sólo sus cosas y te abraza sólo para cumplir, te tiene el respeto y amor que nunca pensaste de una persona. Que es capaz de matar por ti. Que nunca tuve nada más grande que el amor que me has ofrecido incondicionalmente. Y a pesar de faltar a tanta promesa que te he hecho, nunca faltan tus ojos acuosos en los momentos de prosperidad que mi vida te brinda. Lo hago todo por ti, así como también por ellos. Todo escalón vencido por miles de adversidades que haya, te lo debo a ti. ¿Por qué?, será uno de tus grandes cuestionamientos sobre mi persona. Pues bien, te respondo. Nunca he sentido más amor del que tú me haces sentir, aquél abrazo que me brindas sin condiciones, es todo. ¡Sí abuelito, es todo¡.
Nunca dejaré de sentirme culpable por dejarte de lado tantas veces, creyendo que mis problemas triviales van por encima de todo, jamás. Eres mi rey, mi nene, mi todo. Eres todo y perdóname si no te lo demuestro y creo que estas líneas se encontrarán en la misiva de todos.
¡Te amo!, y no me dejes por mi forma de ser, soy así, así de huachafa salí, ¡así de loca salí!. Pero nunca he dejado de sentir aquello que con tanto esfuerzo construiste en mí.
Una vida larga es lo que queda y no sé si la tenga “enterita” para vivirla contigo, depende de cuantos meses me diga el doctor que duraré por aquella dolencia que bien merecida la tengo aunque te apene, pero quiero que tengas presente que este “pedazo de persona”- apodo que siempre sueles decirme- te va a amar desde aquí hasta allá, mirando siempre esos ojos medio verdosos convertidos en café por el paso de los años, siempre.
Y si yo me voy de este mundo antes que tú, ya sabes lo que te diré en sueños: “Nunca podré tener a un ser más maravilloso cerca de mí, así como tú también jamás podrás tener a una enjuta persona que por más que con un abrazo no te caliente, te llena de amor”.
Te amo Roberto, tu guitarra jamás cesará de mi mente así como también aquello que me enseñaste.
Y así como he vivido al azar…
TeAmo.
Atte: Pedazo de persona
M.